Acceder desde el interior del edificio a través de un tragaluz o trampilla sitúa a la persona directamente en una zona de riesgo. Además, una vez abierta, la propia trampilla se convierte en un agujero peligroso para quienes ya están arriba. Instalar barandillas perimetrales o un sistema anticaídas alrededor del acceso es fundamental para la seguridad en altura.