En caso de una caída accidental, la fuerza del impacto se transmite directamente a la pestaña engatillada donde está fijado el anclaje. El reto aquí es evaluar que el grosor de la chapa (acero, aluminio, zinc o cobre) soporte esa tensión extrema sin desgarrarse. Es vital distribuir la carga a lo largo de varios nervios utilizando líneas de vida diseñadas y ensayadas específicamente para este perfil.