Este tipo de cubiertas destaca por permitir diseños arquitectónicos singulares, como formas abovedadas, cónicas o de pendiente variable. Moverse por estas superficies irregulares eleva el riesgo de caída. La prevención de riesgos exige instalar líneas de vida muy versátiles que puedan curvarse y adaptarse al contorno tridimensional del edificio, permitiendo un tránsito fluido.