Los paneles solares maximizan la superficie disponible y ocupan casi toda la cubierta, reduciendo los pasillos de tránsito a la mínima expresión. Esto empuja al personal técnico a caminar peligrosamente cerca de los bordes. La seguridad en altura exige trazar pasillos perimetrales asegurados con una línea de vida que limite el acercamiento al vacío.
El mayor temor al instalar un sistema anticaídas en un tejado es provocar goteras. El gran reto técnico es asegurar al personal técnico sin taladrar la impermeabilización. La mejor prevención de riesgos pasa por fijar los anclajes directamente a la subestructura de los paneles solares, o bien utilizar soluciones autoportantes (de peso muerto) en cubiertas planas.
Cualquier obstáculo elevado (como un poste de seguridad tradicional) proyecta sombras sobre los módulos fotovoltaicos, lo que reduce drásticamente la producción de energía. Las soluciones anticaída modernas deben tener un perfil ultrabajo o contar con postes abatibles que garanticen la seguridad del personal técnico sin interferir con la luz solar.
Realizar el mantenimiento o la limpieza de placas en tejados inclinados obliga a la persona trabajadora a caminar entre paneles de vidrio frágiles y superficies resbaladizas por el rocío. El uso constante de un equipo de protección individual (EPI) conectado a un cable o raíl continuo permite trabajar en tensión, evitando resbalones y asegurando que el cuerpo no impacte contra las placas.