Caminar por cornisas o repisas integradas deja un margen de maniobra prácticamente nulo. Una simple racha de viento o un pequeño tropiezo puede precipitar a la persona operaria directamente a la calle. Al no existir barandillas, el reto es garantizar la seguridad en altura instalando una línea de vida paralela al muro, que restrinja el movimiento del trabajador y le impida alcanzar el borde del vacío.